La leyenda de El Dorado y una brillante ingeniería moderna
La leyenda de El Dorado
La llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI, al interactuar con el pueblo muisca de lo que hoy es Colombia, dio origen a la leyenda de El Dorado, una ciudad hecha de oro en algún lugar de la cuenca del Amazonas. La primera expedición exitosa que navegó la totalidad del río más largo del mundo ocurrió en 1541. Gonzalo Pizarro, junto con 220 conquistadores y 4000 nativos, partió desde lo que hoy es Quito Ecuador, en busca de la ciudad perdida; para cuando la expedición llegó a las estribaciones orientales de los Andes, 3000 nativos y 140 españoles habían muerto o desertado. Sin comida ni dirección, Pizarro envió a su lugarteniente Francisco de Orellana, junto con 50 hombres por delante para explorar la ruta fuera de las montañas. Él y sus hombres construyeron un bote y se adentraron en un afluente del río Amazonas. Pronto se dieron cuenta de que la fuerte corriente en la pendiente de la cuenca les impediría regresar hacia el oeste; así comenzó un viaje de un año desde las estribaciones de los Andes hasta el océano Atlántico. Al principio, las tribus nativas que encontraron fueron amistosas y generosas. Gaspar de Carvajal, quien relató la expedición, escribió sobre enormes asentamientos urbanos que se extendían a lo largo de la ribera del río sin interrupciones por hasta 19km. A medida que la expedición se prolongaba y se acercaban a la vasta extensión del río principal, los encuentros con los nativos se volvieron cada vez más hostiles. En un enfrentamiento con los Tapuyas, Orellana notó que las mujeres luchaban junto a los hombres. Describió el río como el “Río de las Amazonas”, en honor a la leyenda griega de las mujeres guerreras de Asia.
Orellana finalmente llegó al Atlántico con un pequeño grupo de hombres y siguió la costa hacia el norte hasta llegar al puesto español de Cubagua, casi un año después de partir de los Andes. Al regresar a España ese mismo año, Orellana primero desembarcó en Portugal. Tras relatar su increíble travesía al rey, este le ofreció apoyo para una segunda expedición y una gubernatura en Nueva Andalucía si reclamaba la cuenca del Amazonas para Portugal. Con el tiempo, los relatos de grandes y vibrantes asentamientos fueron desestimados. Expediciones posteriores no encontraron evidencia de asentamientos, agricultura ni oro. Orellana fue considerado un fraude, pero puede haber sido un caso de no ver el bosque por solo ver los árboles. Vastas poblaciones de una avanzada cultura fueron aniquiladas en una generación por las enfermedades que los europeos introdujeron, a las que los nativos no tenían inmunidad. Esa es la misma historia del casi genocidio de los pueblos nativos desde Alaska hasta la Patagonia. Los asentamientos seguían allí, pero la selva los había reclamado.
No fue hasta que la tecnología, inventada en la última década del siglo XX e implementada en este, revolucionó el mundo científico y marcó el inicio de una ‘Era Dorada’ de la arqueología.
Tecnología Lidar
Drones y helicópteros equipados con transmisores Lidar que envían millones de impulsos de sonido que rebotan en el suelo de la selva han permitido a los arqueólogos mapearlo tal como es debajo de la vegetación, literalmente viendo a través del denso dosel. El resultado ha sido una gran expansión en la comprensión del alcance de la cultura maya en el sur de México y Centroamérica, la cultura inca en los Andes y los muiscas en Colombia.
Los descubrimientos más asombrosos surgieron con el mapeo de la cuenca del Amazonas, revelando que la región albergó hasta 5 millones de personas. Miles de kilómetros de canales interconectados y calzadas elevadas formaron una vasta cultura urbana que cubría un área dos veces el tamaño de Gran Bretaña.
Una brillante ingeniería
Exploraciones posteriores revelaron los restos de una cultura con una red de caminos y canales tan avanzada como la del Imperio Egipcio. Sin piedra natural, construyeron una comunidad interconectada a nivel del suelo, que representaba una huella ambiental minima. Durante la estación seca, dragaban canales para transportar personas y mercancías. El material extraído de estos canales se utilizaba para construir calzadas elevadas, con el ancho de hasta seis caballos, según el reporte de los españoles. Esto les permitía moverse libremente durante la estación seca con suficiente riego, así en la temporada de lluvias se mantenían secos en carreteras, plazas y plataformas elevadas para sus hogares. Aún no está claro cómo se alimentaban.
¿Cómo es que se alimentaban?
Pruebas de suelo revelaron la más asombrosa sorpresa. Junto al suelo más pobre y compacto del mundo, los científicos descubrieron capas de hasta tres metros de la tierra más rica y productiva del mundo. La excavación de estas capas mostró que eran de origen humano y estaban creciendo. Terra preta o tierra negra es una combinación de carbono, composta, minerales y microbiología.
Este antiguo secreto ofrece solución a varios de los principales problemas que enfrenta hoy la humanidad.
El biochar captura carbono en el suelo donde pertenece, y no en la atmósfera, donde contribuye al calentamiento global.
El biochar mejora enormemente la productividad del suelo, asegurando que la creciente población mundial pueda vivir libre de la amenaza de la hambruna.
Cultivos más productivos significan más oxígeno en la atmósfera y menos dióxido de carbono.
El biochar revierte la desertificación. El edafólogo David Montgomery ha calculado que el mundo pierde 24 mil millones de toneladas de capa superior del suelo anualmente. Cada minuto, las condiciones desérticas se tragan el equivalente a 17 campos de fútbol de tierra cultivable. Esta es la causa número uno del mayor desplazamiento humano en la historia; la causa principal de la crisis mundial de inmigración.
En pocas palabras, el biochar tiene la capacidad de aumentar el contenido de humus del suelo en un 10% en los próximos veinte años, cumpliendo el objetivo del Acuerdo Climático de París y devolviendo la atmósfera a los niveles preindustriales en treinta años.
Si no hacemos nada para mitigar los efectos del aumento de temperaturas y la sequía, al mundo le quedan 60 cosechas más. 60 años más de explotar el mundo antes de que se vuelva demasiado hostil para la vida humana. La elección parece clara. Las superpotencias del mundo deben firmar el Acuerdo Climático de París.
Si las corporaciones y los gobiernos no estuvieran compitiendo para enviar cohetes a Marte y aplicaran esos recursos a este planeta, podríamos ganar la batalla. Revertir el calentamiento global, detener los estragos del cambio climático y alimentar al mundo.